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Translation for you.

sábado, 25 de abril de 2015

Just pain.


Solo que lo pronuncie, duele.
Solo que lo piense, duele.
Solo que se lo proponga, duele.
Solo que lo quiera, duele.

Solo verla así, desolada, duele.
Sufriendo por no querer más,
luchando por necesitar más,
pidiendo lo que no pidió jamás.

Solo la impotencia de verla llorar, duele.
Abrazarla, consolarla, mimarla,
quererla, acariciarla, susurrarla,
y que sientas que no sirve de nada, duele.

Solo verla ahogada en un mar de lágrimas, duele.
Ver que perdió su preciosa sonrisa, o que se la arrebataron.
Ver que tú le provocas felicidad, y que otros se la roban,
o ver como ella se desprecia, duele.

Solo que hasta que no faltes,
hasta que no haya vuelta atrás,
hasta que un día el dolor se apodere de su alma,
nadie sentirá nada por ella, duele.

Solo  imaginar el vacío que puedes dejar en mi alma, duele.
Imaginar una vida sin ti,
imaginar que un día puede que ya no sienta tus cálidos abrazos,
ver como porque otros te desprecien, haya una posibilidad de no tenerte nunca más.



sábado, 28 de marzo de 2015

Dejarse morir, de amor o de locura.

Cada vez que el sol salía ella cerraba los ojos como si tuviera los párpados más pesados del mundo, a pesar de ser privilegiada, a pesar de poder contemplar el más sublime amanecer jamás descubierto por nadie. Incluso cuando la realidad le gritaba inexorablemente, incluso cuando dolía, incluso cuando la evidencia era más que evidente, ella mantenía su eficaz ceguera, su fiel ignorancia, solo por evitar sufrir, solo por evitar llorar, solo por evitar la cruel verdad.
Aguantar dolor solo por personificar quien no soy, solo por apaciguar mi soledad, solo por mentirme. Cada vez que algún escalofríos recorre mi inerte cuerpo me siento un poco menos yo, un poco menos persona, alguien sin sentimientos, pero diferente a ellos, con una tristeza presa en mi corazón que yo no elegí, pero que a la fuerza se instaló allí.

Yazco en mi humilde morada sin que nadie se atreva a cruzar el umbral de mi corazón. Para mi es absoluta comodidad que nadie entre, no tener que preocuparme por esa persona nueva. Soledad a la que estoy condenada, ni yo te importo, ni tú me importas, solo ignórame, déjame ser feliz, déjame vivir, aunque el lugar destinado a mi sea este horrible mundo cruel.

[...]


Añoraba el frío suelo al recorrer tu habitación, descalza.
Tus suaves labios eran droga para mi.
Cada vez que te perdías en mi mirada, sentía besar el cielo.
Y una simple caricia en mi piel me transportaba al mismo Edén.

domingo, 1 de marzo de 2015

Rare.

Momentos en los que el mundo se te cae encima y no sabes dónde meterte. Tomé por rutina aislarme del mundo, se me antojaba seguro. Querida depresión, si puedo denominarte así, querida hija de puta, yo no te necesitaba, tú me obligaste, y cuando firmé mi contrato de condena ni siquiera en la letra pequeña me informabas de que eras adictiva. No me avistaste de que, cuando alguien intentara acercarse a mi, me convertiría en tortuga. Era tu deber decírmelo, decirme que la felicidad no estaba a mi alcance y que, si por una gran casualidad la rozaba, me la arrebatarías de las manos como hace una madre con su hijo quitándole un caramelo antes de comer, y me harías sentir mal por mis acciones. Y si me lo comentaste, no te creí. Y ahora solo quiero que te largues, que salgas de mi y no regreses, que me devuelvas mi pura personalidad, aun si para eso debo rasgarme el alma a base de lágrimas y dolor.


Tarde es para arrepentirse de vender tu alma al diablo, y las consecuencias has de pagar. En su momento necesitaste cobijo, él te lo ofreció, tú solo firmaste. Con el tiempo las cosas cambian, mas sé que lo único pretendido fue evitar dolor. Conviviste durante demasiado tiempo con la tristeza impuesta en tu corazón, y ahora está adherida a tu malherida alma. Tu sentencia fue dictaminada, tu castigo será vagar por un mundo privado de luz y plagado de soledad.


[...]
Alma en pena que parece ser, niña,
dulce era aquella mirada que tanto me enamoraba.
¿Dónde abandonaste ese brillo en tus ojos que tanta felicidad me daba?
Permíteme que sea yo quién te lo devuelvas,
permíteme cuidarte y amarte, cumpliendo tus hermosos sueños.
Permíteme enamorarte mediante poesía que probablemente nunca aprecies.
Permíteme mostrarte el mundo de la belleza
donde las letras son las reinas, y tú la mía,
y donde si sabes conjugarlas, podrás dominar el mundo.


viernes, 13 de febrero de 2015

True history?

Ay, la mentira, viva la mentira, dulce mentira, mentira que ayuda a conseguirlo todo. Mentira que siempre se descubre pero hasta que lo consigues, vives engañado. Mentira que lo idealiza todo, mentira que en gran estima te tienen. Mentira piadosa, mentira cruel, mentira para creerte algo que no eres, mentira para conseguir aquello que anhelas, mentira para, en definitiva, formar una imagen falsa.

Ay, pero luego vienen las lamentaciones, los reproches, las disculpas probablemente aceptadas. El problema viene cuando, después de un suceso así, pierden la confianza en ti, ya no eres su alma gemela o su ojo derecho. Ya nada volverá a ser como antes, y tu corazón guarda ese rastro ínfimo de rencor que, poco a poco, se acumula, y definirá tu posible futuro. Y reaccionará cuando encuentres aquello que te recuerde a esa persona que en un momento te falló, y poco a poco, te conviertes en alguien que repudias. Y lo intentas cambiar. Y no puedes. Y la frustración de no poder controlar tu propia personalidad. De no poder elegir cuándo estar bien, o cuándo estar mal, si es lo que quieres. 

[...]

Ay, cada mañana al levantar es la misma canción, sí, parecido a si pongo la radio. Qué bonito sería abrir los ojos y pensar, o casi mejor gritar: «Buenos días mundo. Soy feliz.» Qué mágico tiene que ser. Pero qué lástima que no ocurra, que se haga rutina lamentarse de haber abierto los ojos. Que lo primero que tu querido mundo vea sea una lágrima, o dos... o dos mil, casi. Sentir que tus ojos han perdido el brillo de alegría, ese brillo que caracterizaba tu dulce mirada, aquel que enamoraba a todo el que se te acercaba, aquel que hacía que la gente permaneciera a tu lado, aquel que era como una estrella que hacía sentirte querido... aquel que suelen denominar (...) y que perdiste sin reparar en ello... y cuando lo hiciste tarde era. 

Se propone cambiar, cada día se lo promete, pero nunca lo consigue. Allí, sentado en la cama mirando aquella foto, aquella en la que era feliz, y lo desea tan fuerte... que no lo consigue. Hora tras hora, permaneciendo impasible, muchos le echan de menos, muchos desean recuperarle, pero él sigue evadiéndose para perderse, perderse para huir, huir como un cobarde para evadirse... del dolor, aislándose. Las drogas ocuparon su rutina, los gritos que desgarraban su propia alma, también. Insoportable resultó, hasta su cordura empezó a poner en duda, hasta las emociones cree perdidas y su fiel guitarra es la única capaz de causarle tranquilidad y sosiego. 

[...]

Un día tuve la oportunidad de verlo, de experimentarlo, de sentirlo. De verle ahí, durante tanto tiempo desperdiciando su vida. Duele percibir tanto rencor junto, tanta oscuridad encubierta, tanta tristeza acumulada. Por suerte o casi por desgracia, los seres humanos no tenemos el don de ver y sentir, tal cuales son, los sentimientos de nuestros iguales. En ese momento di gracias de no poseer el don. Sus ojos hablaban por sí solos. Y necesité ayudarlo. Pero no. No lo dije. Simplemente le di la espalda, le abandoné, escapé de la energía negativa que desprendía, a diario le esquivaba. Allí donde iba solo encontraba su penetrante mirada sobre mi. Y llegó el día en que no le vi más. Llegó el día en que huyó, en que yo pude evitarle, en el que no volví a ser la misma nunca más.
[...]

Puedo mirar una y otra vez al horizonte, nunca cambia, aparentemente, siempre es lo mismo, siempre la misma hora. Y me siento, observo, suspiro, y me desespero por la hipocresía social.

viernes, 2 de enero de 2015

Agua salada

Algunas de las personas más sabias que conozco dicen que llorar es bueno, que desahoga, que limpia el alma. Yo, como buena necia que soy y aún contraria a mis principios, defiendo que el llorar es un signo de debilidad que, personas como yo acostumbradas a ello, deberíamos suprimir. No obstante, estableciendo una antítesis, puedo demorar que es mi cuerpo quien evita el llorar y es mi mente la que corrobora lo diferido acertadamente por los expertos.

Una lágrima es solo agua salada que antes de perderse, recorre tus mejillas. Qué insignificante parece. Sin embargo, a la vez es un signo de fuerza que intuye una previa y ardua lucha contra la vida misma. Desconocidas son las causas mas mi cuerpo ansía poder destituir la capacidad de llorar, y prefiere el abandono de sentimientos y emociones, por muy triste que suene.

Ignoro completamente las órdenes de mi cuerpo que grita exasperado que evite el acto de cobardía, pero cuando se trata de desatar el incómodo a la vez que doloroso nudo de tu garganta o de olvidar a aquellos amigos por los que diste todo y te recompensaron con su espalda o cuando, una vez más, se aprovechan de tu bonanza y los humanos vuelven a su propia naturaleza egoísta, puedo asegurar que todo alcanza un límite inexplicable y las locuras que puedes cometer, o los actos imprudentes de los que probablemente te acabes arrepintiendo, te parecerán ínfimos comparados con el dolor que estás sufriendo.

Y mis piernas están cansadas de caminar, y mi alma de luchar, y una vez más mi alma de encuentra en un estado de desesperación que no es capaz de resolver... Y es el cuento sin final... […]

Cuando el conjunto de sentimientos de tu mente se enfrentan en una inexorable batalla, el dolor sentido al llorar se puede comparar con la lenta rotura de algunas membranas inlocalizables del cuerpo, cuando se rasgan... cuando las consecuencias de la guerra no se pueden curar, no tienen remedio, cuando el daño está ya causado, ya no se puede olvidar...