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Translation for you.

jueves, 21 de mayo de 2015

Así sí.


¿Sabéis esa sensación que delata felicidad cuando sientes que has cumplido con tu persona? ¿Esa sensación de satisfacción por saber que puedes llegar lejos, que vales mucho más de lo que piensas, que está en ti todo lo que se necesita para triunfar? ¿Ese regocijo al sentir que puedes con todo lo que te propongas? 

Pues bien, después de tanto dolor como he tenido que experimentar, después de todas las lágrimas que tuve que derramar, después de todas las veces que sola me tuve que levantar, por fin he encontrado un equilibrio emocional conmigo misma. Probablemente dure muy poco, supongo que hasta que me lleve alguna decepción, que además suelen ser frecuentes y venir sin previo aviso, pero me propuse a principio de año elaborar una filosofía, unos pasos a seguir ante cualquier situación, una pauta para poder llegar a la mítica felicidad, y es que la mejor forma de vivir es disfrutar de cada segundo que el tiempo te otorga, es darle a cada instante el valor que se merece, aprovecharlo como si fuera el último porque cuando nos queramos dar cuenta, la vida habrá pasado.

Me siento bien, me siento segura, me siento orgullosa de haber llegado a este punto. Me siento en el punto culminante, en el "spleen" de Baudelaire, en el simbolismo puro y duro. Dicen que cuando rozas este sentimiento te quedas impregnada de su esencia. Defiendo tal idea. Una vez que he visto a cuánto puedo llegar, quiero más. Quiero superarme, quiero dejar atrás el pesimismo que me tenía presa, el dolor que reprimía mis sentidos, el miedo que coaccionaba mis acciones, la inseguridad que no me dejaba ni vivir. Quiero ir por ahí, a mi libre albedrío, independiente de cualquier cosa y persona, sonriendo como nunca fui capaz de hacerlo, mostrar mi preciosa sonrisa, para algo bonito que tengo. He llegado aquí, muy alto, y aunque dure poco, me da igual, merece la pena luchar por ello, por verme correctamente servida de autoestima, por colocarla a la altura de los ojos, de donde nunca debió moverse. 

Sinceramente, nunca pensé que podría conseguirlo. Evidentemente, la inseguridad siempre ha hecho mella en mi, nunca me ha dejado actuar como me gustaría, digamos que siempre, aunque sea mínimamente, los comentarios de la gente me han hecho daño, me han influenciado, ya sea para bien o para mal. A partir de ahora me prometo a mi misma que rechazaré cualquier tipo de opinión que no sea la mía. Haré lo que quiera, cuando quiera y donde quiera, siempre y cuando no invada la libertad de otra persona. 

sábado, 25 de abril de 2015

Just pain.


Solo que lo pronuncie, duele.
Solo que lo piense, duele.
Solo que se lo proponga, duele.
Solo que lo quiera, duele.

Solo verla así, desolada, duele.
Sufriendo por no querer más,
luchando por necesitar más,
pidiendo lo que no pidió jamás.

Solo la impotencia de verla llorar, duele.
Abrazarla, consolarla, mimarla,
quererla, acariciarla, susurrarla,
y que sientas que no sirve de nada, duele.

Solo verla ahogada en un mar de lágrimas, duele.
Ver que perdió su preciosa sonrisa, o que se la arrebataron.
Ver que tú le provocas felicidad, y que otros se la roban,
o ver como ella se desprecia, duele.

Solo que hasta que no faltes,
hasta que no haya vuelta atrás,
hasta que un día el dolor se apodere de su alma,
nadie sentirá nada por ella, duele.

Solo  imaginar el vacío que puedes dejar en mi alma, duele.
Imaginar una vida sin ti,
imaginar que un día puede que ya no sienta tus cálidos abrazos,
ver como porque otros te desprecien, haya una posibilidad de no tenerte nunca más.



sábado, 28 de marzo de 2015

Dejarse morir, de amor o de locura.

Cada vez que el sol salía ella cerraba los ojos como si tuviera los párpados más pesados del mundo, a pesar de ser privilegiada, a pesar de poder contemplar el más sublime amanecer jamás descubierto por nadie. Incluso cuando la realidad le gritaba inexorablemente, incluso cuando dolía, incluso cuando la evidencia era más que evidente, ella mantenía su eficaz ceguera, su fiel ignorancia, solo por evitar sufrir, solo por evitar llorar, solo por evitar la cruel verdad.
Aguantar dolor solo por personificar quien no soy, solo por apaciguar mi soledad, solo por mentirme. Cada vez que algún escalofríos recorre mi inerte cuerpo me siento un poco menos yo, un poco menos persona, alguien sin sentimientos, pero diferente a ellos, con una tristeza presa en mi corazón que yo no elegí, pero que a la fuerza se instaló allí.

Yazco en mi humilde morada sin que nadie se atreva a cruzar el umbral de mi corazón. Para mi es absoluta comodidad que nadie entre, no tener que preocuparme por esa persona nueva. Soledad a la que estoy condenada, ni yo te importo, ni tú me importas, solo ignórame, déjame ser feliz, déjame vivir, aunque el lugar destinado a mi sea este horrible mundo cruel.

[...]


Añoraba el frío suelo al recorrer tu habitación, descalza.
Tus suaves labios eran droga para mi.
Cada vez que te perdías en mi mirada, sentía besar el cielo.
Y una simple caricia en mi piel me transportaba al mismo Edén.

domingo, 1 de marzo de 2015

Rare.

Momentos en los que el mundo se te cae encima y no sabes dónde meterte. Tomé por rutina aislarme del mundo, se me antojaba seguro. Querida depresión, si puedo denominarte así, querida hija de puta, yo no te necesitaba, tú me obligaste, y cuando firmé mi contrato de condena ni siquiera en la letra pequeña me informabas de que eras adictiva. No me avistaste de que, cuando alguien intentara acercarse a mi, me convertiría en tortuga. Era tu deber decírmelo, decirme que la felicidad no estaba a mi alcance y que, si por una gran casualidad la rozaba, me la arrebatarías de las manos como hace una madre con su hijo quitándole un caramelo antes de comer, y me harías sentir mal por mis acciones. Y si me lo comentaste, no te creí. Y ahora solo quiero que te largues, que salgas de mi y no regreses, que me devuelvas mi pura personalidad, aun si para eso debo rasgarme el alma a base de lágrimas y dolor.


Tarde es para arrepentirse de vender tu alma al diablo, y las consecuencias has de pagar. En su momento necesitaste cobijo, él te lo ofreció, tú solo firmaste. Con el tiempo las cosas cambian, mas sé que lo único pretendido fue evitar dolor. Conviviste durante demasiado tiempo con la tristeza impuesta en tu corazón, y ahora está adherida a tu malherida alma. Tu sentencia fue dictaminada, tu castigo será vagar por un mundo privado de luz y plagado de soledad.


[...]
Alma en pena que parece ser, niña,
dulce era aquella mirada que tanto me enamoraba.
¿Dónde abandonaste ese brillo en tus ojos que tanta felicidad me daba?
Permíteme que sea yo quién te lo devuelvas,
permíteme cuidarte y amarte, cumpliendo tus hermosos sueños.
Permíteme enamorarte mediante poesía que probablemente nunca aprecies.
Permíteme mostrarte el mundo de la belleza
donde las letras son las reinas, y tú la mía,
y donde si sabes conjugarlas, podrás dominar el mundo.


viernes, 13 de febrero de 2015

True history?

Ay, la mentira, viva la mentira, dulce mentira, mentira que ayuda a conseguirlo todo. Mentira que siempre se descubre pero hasta que lo consigues, vives engañado. Mentira que lo idealiza todo, mentira que en gran estima te tienen. Mentira piadosa, mentira cruel, mentira para creerte algo que no eres, mentira para conseguir aquello que anhelas, mentira para, en definitiva, formar una imagen falsa.

Ay, pero luego vienen las lamentaciones, los reproches, las disculpas probablemente aceptadas. El problema viene cuando, después de un suceso así, pierden la confianza en ti, ya no eres su alma gemela o su ojo derecho. Ya nada volverá a ser como antes, y tu corazón guarda ese rastro ínfimo de rencor que, poco a poco, se acumula, y definirá tu posible futuro. Y reaccionará cuando encuentres aquello que te recuerde a esa persona que en un momento te falló, y poco a poco, te conviertes en alguien que repudias. Y lo intentas cambiar. Y no puedes. Y la frustración de no poder controlar tu propia personalidad. De no poder elegir cuándo estar bien, o cuándo estar mal, si es lo que quieres. 

[...]

Ay, cada mañana al levantar es la misma canción, sí, parecido a si pongo la radio. Qué bonito sería abrir los ojos y pensar, o casi mejor gritar: «Buenos días mundo. Soy feliz.» Qué mágico tiene que ser. Pero qué lástima que no ocurra, que se haga rutina lamentarse de haber abierto los ojos. Que lo primero que tu querido mundo vea sea una lágrima, o dos... o dos mil, casi. Sentir que tus ojos han perdido el brillo de alegría, ese brillo que caracterizaba tu dulce mirada, aquel que enamoraba a todo el que se te acercaba, aquel que hacía que la gente permaneciera a tu lado, aquel que era como una estrella que hacía sentirte querido... aquel que suelen denominar (...) y que perdiste sin reparar en ello... y cuando lo hiciste tarde era. 

Se propone cambiar, cada día se lo promete, pero nunca lo consigue. Allí, sentado en la cama mirando aquella foto, aquella en la que era feliz, y lo desea tan fuerte... que no lo consigue. Hora tras hora, permaneciendo impasible, muchos le echan de menos, muchos desean recuperarle, pero él sigue evadiéndose para perderse, perderse para huir, huir como un cobarde para evadirse... del dolor, aislándose. Las drogas ocuparon su rutina, los gritos que desgarraban su propia alma, también. Insoportable resultó, hasta su cordura empezó a poner en duda, hasta las emociones cree perdidas y su fiel guitarra es la única capaz de causarle tranquilidad y sosiego. 

[...]

Un día tuve la oportunidad de verlo, de experimentarlo, de sentirlo. De verle ahí, durante tanto tiempo desperdiciando su vida. Duele percibir tanto rencor junto, tanta oscuridad encubierta, tanta tristeza acumulada. Por suerte o casi por desgracia, los seres humanos no tenemos el don de ver y sentir, tal cuales son, los sentimientos de nuestros iguales. En ese momento di gracias de no poseer el don. Sus ojos hablaban por sí solos. Y necesité ayudarlo. Pero no. No lo dije. Simplemente le di la espalda, le abandoné, escapé de la energía negativa que desprendía, a diario le esquivaba. Allí donde iba solo encontraba su penetrante mirada sobre mi. Y llegó el día en que no le vi más. Llegó el día en que huyó, en que yo pude evitarle, en el que no volví a ser la misma nunca más.
[...]

Puedo mirar una y otra vez al horizonte, nunca cambia, aparentemente, siempre es lo mismo, siempre la misma hora. Y me siento, observo, suspiro, y me desespero por la hipocresía social.